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Historias mínimas

Me gusta llamar Historias Mínimas a pequeñas ficciones que se van armando cuando juego con algunos restos de ideas, representaciones o percepciones. No creo que en realidad las escriba -eso de escribir son palabras mayores. Más bien son ellas las que se van colando en el pensamiento. Aparecen como una especie de lapsus casi por descuido, mientras me ocupo de hacer otras cosas. Simplemente porque son ineludibles, no me queda más remedio que dar cabida a algunas de ellas en este espacio.

1 / Voilà

Y ahí estaba ella. Moviendo los piececillos en un intento raro de bailar. Sacudía esas extremidades delgadas una a una, dando pequeñas pataditas hacia adelante y hacia atrás. Apenas se elevaba en el espacio, rodeada del aire cálido de la primavera; ese aire que huele tanto a libertad que hasta llega a marear. Y ella estaba ahí, intentando volar. Dividida entre la ansiada libertad y el miedo a estrellarse en cualquier esquina. El miedo era un viejo conocido, no así la libertad. Estaba ahí. Levitando entre flores y nubes de algodones. Tan pendiente del movimiento de sus pies. Tan fastidiada por lo poco que esas piernas flacas la impulsaban en el aire. Tan cansada de tantos esfuerzos. Tan absorta de lo indecible. Tan-tan de tantos tan, que le costó darse cuenta que para volar, para elevarse, para bailar en aires primaverales, no se necesitan los pies…

2 / Desmorirse

No es tener ganas de vivir, no se confunda. Simplemente es querer morirse un poco menos. Para desmorirse basta con abrir los ojos cada mañana. Tenga cuidado, los lunes producen un asco excesivo y desmorirse puede ser sumamente complicado. Resista. No abandone tan rápido y busque cómo incorporarse. En caso de que requiera un impulso, tome asiento un instante y respire profundamente. Prosiga poniendo un pie en el suelo para salir de la cama. Tome fuerzas. Deje que el olor del nuevo día y el leve sol que entra por la ventana lo engañen un poco. Diríjase al aseo y moje su cara con agua. El agua es fuente de vida y puede que algo de la vida se le termine pegando un poco en las pestañas. No piense en las cosas que tiene que hacer ¡No piense!. Deje que el automatismo matutino lo deslice a su jornada. Si tiene suerte, en algún momento del día podrá tener un encuentro con ese que dice ser usted.

3 / Espejos

Esos ingratos cristales que reflejan el tiempo desconexo, perdido en algún rincón de la memoria. Mirada telescópica, reflejo inexistente del vacío.

Los espejos se olvidan que existimos, saturados del día a día. Susurran desde adentro los sonidos más antiguos. Eco atolondrado del pasado que repite en circuitos infinitos aquello que nunca pudo ser dicho.

4 / Bucles

Cuando se está en un bucle uno sabe que haga lo que se haga, las cosas no pueden acabar bien. Eso es lo que define al bucle. Haga lo que se haga no se puede salir de ahí, más allá del empeño de cada uno. Cuando se está en un bucle uno sabe que haga lo que se haga, las cosas no pueden acabar bien. Eso es lo que define al bucle. Haga lo que se haga no se puede salir de ahí, más allá del empeño de cada uno. Cuando se está en un bucle uno sabe que

5 / Ave de paso...

Las palabras que él pronunció se clavaron como buitres hambrientos en su pecho. Ella sintió cómo su tórax se iba desgarrando paulatinamente hasta abrirse de par en par. A continuación pudo advertir cómo los dedos alargados de él -cuál garras- extraían su corazón de un puñado arrojándolo con fuerza contra la pared, como un pedazo de carne inerte y pegadiza que terminó deslizándose hacia abajo por la fría superficie hasta caer desplomada en el suelo. Así, a pedacitos, caían también todas las ilusiones que ella había construido de un posible nuevo amor. Su cuerpo despachurrado aparecía ahora donde antes lucía una esbelta silueta femenina. Ella apenas podía sentir dolor, su mente se nublaba a medida que él continuaba su discurso. Él probablemente no sabía lo que decía; o tal vez sí, pero el crimen ya había sido cometido. Dudó en reconocer la responsabilidad de sus actos, hasta que pudo constatar en los ojos de ella el asesinato del alma.

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Ambos optaron por una ignorancia fingida que hiciera desaparecer el homicidio: ella apenas sostenía su deshilachado cuerpo frente al espejo mientras cubría sus labios con carmín. Él por su parte, le devolvía una silenciosa mirada compasiva disfrazada de amor mientras la culpa empezaba a corroerle con discreción, desde lo más oscuro de su ser.

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