Antes de conocerle
Mucho antes de que un niño o una niña nazcan, ya ocupan un lugar en la imaginación de quienes los esperan. Hay deseos, ilusiones, temores e incluso pequeñas historias que comienzan a escribirse antes de su llegada al mundo.
Con el paso del tiempo aparece algo inesperado. Ese niño/a empieza a mostrar gustos, preguntas, miedos y maneras de estar en el mundo que no siempre coinciden con aquello que habían imaginado para él o ella.
Ese momento puede resultar desconcertante. No porque haya algo que funcione mal, sino porque educar también implica aceptar que un niño o una niña nunca terminan de coincidir con las expectativas que otros habían depositado sobre ellos.
Aceptar ese recorrido forma parte de la tarea de criar. No se trata de renunciar al deseo de acompañar, orientar o transmitir aquello que se considera valioso. Se trata también de hacer lugar para que ese niño/a pueda llegar a ser alguien distinto de aquello que, incluso antes de nacer, otros habían imaginado.