La importancia de aburrirse
Muchas veces un niño dice que se aburre y, casi de inmediato, un adulto empieza a buscar una solución. Una actividad, una pantalla, un juego o una propuesta que vuelva a ocupar ese tiempo vacío.
Sin embargo, quizá el aburrimiento no siempre sea un problema que deba resolverse con rapidez.
Durante buena parte del día hay horarios, tareas, normas o personas que indican qué hacer a continuación. El aburrimiento aparece, precisamente, cuando esa organización se detiene por un momento y nadie marca el siguiente paso.
No siempre resulta una experiencia agradable. A veces genera inquietud, impaciencia o la sensación de que el tiempo pasa demasiado despacio. Pero también puede convertirse en una oportunidad para que algo del propio deseo encuentre un lugar.
No se trata de dejar que alguien se aburra porque sí, ni de pensar que todo momento de aburrimiento dará lugar a algo extraordinario. Se trata, más bien, de reconocer que no todo vacío necesita llenarse de inmediato.
Puede que no todo momento de aburrimiento conduzca a descubrir algo nuevo. Pero cuando siempre hay alguien dispuesto a ocupar cada instante, también hay menos ocasiones para preguntarse qué queremos hacer cuando nadie nos lo dice.