Juguetes Montessori
Entrar en una tienda de productos para bebés puede resultar tan emocionante como abrumador. Libros, cursos, juguetes Montessori, estimulación temprana, psicomotricidad, porteo ergonómico, alimentación respetuosa... La sensación es que siempre hay algo más que aprender antes de sentirse preparado para criar a un hijo.
Es natural querer hacerlo bien. El problema aparece cuando la crianza empieza a vivirse como un examen permanente. Como si cada decisión pudiera acercarnos o alejarnos del futuro que deseamos para quienes más queremos.
Poco a poco, la ilusión puede ir dejando paso a otra cosa: la presión por no equivocarse. Elegir el juguete adecuado. El método adecuado. La escuela adecuada. Como si siempre existiera una respuesta correcta esperando ser descubierta.
No se trata únicamente de buscar lo mejor para un hijo. También pesa la idea de que un error de hoy pueda convertirse en un problema mañana. La maternidad y la paternidad acaban cargándose así de un peso difícil de sostener: el de sentir que nunca se puede bajar la guardia.
Sin embargo, ningún niño necesita adultos capaces de acertarlo todo. Necesitan adultos suficientemente tranquilos como para aceptar que criar también consiste en improvisar, rectificar y equivocarse.
Conviene no confundirse. Crecer nunca ha dependido únicamente de los juguetes, los métodos o los manuales. Quizá uno de los rasgos de nuestra época sea convertir el amor por un hijo en un terreno especialmente vulnerable a la exigencia. Quienes crecen también necesitan encontrarse con adultos que puedan vivir sin la obligación de ser perfectos.