No crecer todos al mismo tiempo
Crecer nunca es un proceso que afecte únicamente a una persona. Cada cambio importante modifica también la relación con quienes la rodean.
Durante la infancia y la adolescencia esto suele hacerse especialmente visible. Un hijo empieza a pedir más espacio, cuestiona normas que antes aceptaba o guarda para sí algunas cosas que hasta hace poco compartía con naturalidad. A veces esos cambios desconciertan, precisamente porque obligan a abandonar una forma de relacionarse que parecía conocida.
No siempre resulta sencillo aceptar que la manera de acompañar a alguien también necesita transformarse. Cada paso hacia una mayor autonomía modifica también el lugar desde el que los demás pueden estar presentes. Sin darnos cuenta, a veces seguimos relacionándonos con quien el otro fue, mientras él o ella ya está intentando convertirse en alguien diferente.
Crecer implica mucho más que cumplir años. Acompañar ese crecimiento supone, muchas veces, aceptar que nosotros tampoco podemos seguir siendo exactamente los mismos.
Por lo general, pensamos que crecer consiste en cambiar. Con menos frecuencia recordamos que cada cambio también les pide algo a quienes nos quieren.