No saber también forma parte del camino
Hay momentos de la vida en los que parece necesario tener respuestas para todo. Qué estudiar, a qué dedicarse, qué camino elegir o quién se quiere llegar a ser. Durante la adolescencia, esas preguntas suelen aparecer con fuerza y, muchas veces, también con cierta prisa.
No siempre resulta sencillo convivir con esa incertidumbre. A veces da la impresión de que no saber es quedarse atrás, como si cada duda fuera el signo de que algo no marcha como debería.
Sin embargo, crecer no consiste únicamente en encontrar respuestas. También implica descubrir intereses inesperados, cambiar de idea, abandonar caminos que parecían claros y permitirse un tiempo para seguir buscando.
No todas las decisiones importantes aparecen cuando las esperamos. Algunas sólo pueden tomarse después de haber recorrido otros caminos.
Aceptar que no siempre es posible saber de antemano hacia dónde se quiere ir no significa renunciar al futuro. Hay decisiones que sólo empiezan a hacerse posibles cuando uno deja de exigirse tener todas las respuestas.