¿Para qué sirve la culpa?
La culpa suele entenderse como una carga de la que conviene desprenderse cuanto antes. Sin embargo, pocas veces nos preguntamos por qué, en ocasiones, resulta tan difícil dejar de sentirla.
Cuando algo sale mal, es frecuente repasar una y otra vez lo que hicimos, lo que dejamos de hacer o aquello que podríamos haber dicho. Como si encontrar el momento exacto en el que todo cambió pudiera aliviar el malestar.
No siempre es así. A veces la culpa nos permite creer que todo dependía de nosotros. Y esa idea, aunque resulte dolorosa, puede ser más fácil de soportar que aceptar que no todo estaba en nuestras manos.
Eso no significa que no tengamos responsabilidad sobre nuestros actos. Significa que responsabilidad y culpa no siempre son la misma cosa.
La culpa no siempre desaparece cuando encontramos una explicación. A veces empieza a transformarse cuando deja de ser la única manera posible de leer lo que ha ocurrido.