Ser la misma persona
Vivimos en una época que nos invita constantemente a cambiar. Cambiar de trabajo, de hábitos, de imagen, de objetivos e incluso de personalidad. Como si todo aquello que deja de funcionar hubiera perdido definitivamente su valor.
A veces el malestar nos hace sentir atrapados en una misma forma de mirar las cosas. Las preocupaciones, las decisiones o los vínculos parecen leerse siempre desde el mismo lugar. No porque la vida no cambie, sino porque resulta difícil encontrar otra posición desde la que podemos habitarla.
A veces el cambio que queremos puede resumirse de una forma mucho más sencilla:
Seguir siendo la misma persona, pero con las cosas mucho más claras.